miércoles, 22 de abril de 2015

LA MODA ESPAÑOLA EN EL SIGLO DE ORO

Hace algunos días, tuve la oportunidad de acudir a contemplar la exposición titulada La Moda Española en el Siglo de Oro, que se celebra en el Museo de Santa Cruz sito en la emblemática ciudad de Toledo


Acceso a la exposición por la fachada principal del edificio, obra del arquitecto Alonso de Covarrubias
La muestra reúne más de 270 piezas, cuya antigüedad corresponde con los años en que vivió Cervantes, entre 1547 y 1616. Época que coincide con los reinados de Felipe II y Felipe III, periodo de apogeo de la Monarquía Hispánica. Son pocas las ocasiones en las que puedes ver reunidas tantas bellezas, pues muchas de ellas proceden de otros museos europeos, y han llegado en calidad de préstamo para la ocasión.


La exposición está organizada por la Consejería de educación, Cultura y Deportes.
 Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha

Al entrar, se extendía ante mi una enorme nave con planta de cruz griega por la que se extienden cuatro largas salas, en las que se pueden admirar enormes tapices, armas, pintura, escultura religiosa, armaduras y muebles de aquella época, la "España de los Austrias"

Sillas de caderas.Escuela granadina. Siglo XVI.
Este tipo de sillas plegables fueron muy apreciadas durante los siglos XV y XVI

Corona de la Virgen de los Desamparados. Orfebre Andrés Martínez. Colombia, 1641
Oro, piedras preciosas, perlas, cuarzo, esmalte y diamantes
Recomiendo contemplarlo todo con detenimiento, pues su análisis nos permite contextualizar lo que veremos después, en la planta superior: la Moda de aquellos siglos. Al mismo tiempo, comprender la forma de entender la vida y el arte durante el llamado "Siglo de Oro" español. Un planteamiento museológico que me pareció muy acertado.


Retrato de Mª Luisa de Orleans. Primera esposa del rey Carlos II de España.
Anónimo. 3º Cuarto del siglo XVII
Todas aquellos objetos y obras de arte constituían la antesala de lo que después pude contemplar en el crucero superior del museo. Aquellos elementos que eran el verdadero objeto de mi visita.



Tras abandonar las salas de la planta baja, y antes de subir a la primera planta, me detuve unos minutos a contemplar el hermoso claustro renacentista que posee el edificio. En aquel momento pensé cuán acertada había sido la elección de este museo para celebrar la exposición, pues continente y contenido se unían en una simbiosis exquisita. Aquel era el marco ideal.

Uno de los paneles que te encuentras al acceder a la primera planta
Cuando accedes a la planta superior, la que está dedicada a la moda, se despliegan ante ti -y a lo largo de las cuatro salas dispuestas en forma de cruz- una enorme cantidad de piezas de indumentaria y joyería, tanto civil como litúrgica. Todas de gran riqueza, pues debemos tener en cuenta que las piezas que se exponen, corresponden a la vestimentaria empleada por la aristocracia y la Iglesia, los dos estamentos que ostentaban el poder entonces. 

Aunque toda la muestra es digna de verla y recrearse en ella, yo me detendré en aquellas que más llamaron mi atención.



Traje supuestamente donado por la infanta Isabel Clara Eugenia (segunda mitad siglo XVI) para una imagen mariana. Brocatel dorado y verde,  y terciopelo bordado en oro y plata. Pertenece a la colección del Imperial Monasterio de San Clemente en Toledo.
Jubón que seguía la moda española. Perteneció al rey Gustavo Adolfo de Suecia (1620). Seda teñida, bordados dorados con lentejuelas. Pertenece a la colección de la Real Armería de Estocolmo


Los modelos de calzado expuestos son dignos de contemplación. De entre todos ellos, me gustaron especialmente los chapines españoles de corcho, forrados de terciopelo rojo con cintas de seda. Datan de 1500-1550 y provienen del Museu del Disseny de Barcelona (Colección Rocamora)




Me fascinó esta chaqueta infantil elaborada en tejido de punto. Seda color coral e hilos entorchados con lámina metálica dorada. Profusión de cintas en el delantero para cerrar la prenda, y de adorno en las bocamangas. Los géneros de punto tuvieron gran difusión y comercio en el siglo XVII. Colección Josep M. Sabater, Valencia.
Recuerdo haber visto piezas de punto similares en el Museo de Tejidos de Lyon.


Detalle. Los motivos decorativos recuerdan a los damascos del primer tercio del siglo XVII.


Pareja de cráneos-relicario. España? finales del siglo XVI. Decoración a base de terciopelo, alambre de hierro, hilos entorchados, láminas plateadas, abalorios y piedras falsas de colores. Pertenecen al Museo Parroquial de Santa María de la Sey, Valeria, Cuenca. Lo que más me llamó la atención fueron los aderezos con que se adorna el supuesto cráneo de Sta. Úrsula, ya que presentan gran similitud con los encajes castellanos anillados y frisados del siglo XVI.





Por último, quiero destacar la zona que nos muestra la técnica de la obtención de tintes naturales para los tejidos, así como todo lo relacionado con el patronaje, el corte y la confección en aquella época; manuales de sastrería, planchas, tijeras, dedales, la vara de Toledo, una rueca, e incluso una laminadora, cuya forma apenas difiere de las actuales. 

Manuscrito de sastrería. Detrás, a la derecha, tres planchas de vidrio por presión en frío.
Ambos objetos datan del siglo XVII, y pertenecen a la Colección del Museo de Santa Cruz, Toledo

Dedales y tijeras de los siglos XVI, XVII y XVIII. Colección Museo de la Alhambra, Granada.
Al fondo, caja y "Vara de Toledo", empleada para medir tejidos en el siglo XVI.
Colección Instituto "El Greco", Toledo.

Incluir este tipo de elementos en la exposición, me ha parecido un gran acierto por parte del director científico y del diseñador museográfico de la exposición.

Rueca con dos husos, siglo XVII.
Colección RR. MM. Clarisas de Carrión de los Condes. Palencia







Ruedas de tirador de oro y plata (laminadora). Colección Museo y Centro Didáctico del Encaje de Castilla y León. Tordesillas. Se trata de un torno que se empleaba para reducir el metal de oro o plata a hilo, para poder aplicarlo en la elaboración de bordados con de entorchados, canutillos, torzales, etc.


Detalle del tejido de un traje supuestamente donado por Isabel de Valois, segunda mitad siglo XVI. Colección Imperial Monasterio de San Clemente, Toledo. 
Terciopelo bordado con entorchados de oro, canutillo, cordoncillo, lentejuelas,
 y aplicaciones de piedras preciosas

También es muy interesante, el apartado dedicado a los afeites, ungüentos y demás elementos que se empleaban en la cosmética femenina. Las mujeres de la época se preocupaban mucho de su imagen personal, y de cuidar su cutis, igual que hacemos hoy en día.


De Izda. a dcha: Almirez y Mortero para alcanfor, Lendrera, Escarbadientes y dos Redomas de vidrio para conservar medicamentos.
Colecciones Museo de la Farmacia y Museo del Traje, Madrid. Museo de la Alhambra, Granada,

La moda de aquel periodo se caracterizaba por una indumentaria donde prevalecía el decoro y la solemnidad. Lo podréis constatar en los retratos expuestos, donde prima la actitud mayestática de los personajes, tanto adultos como niños.

Izda: Retrato del Infante D. Fernando y su hermana Dña. Margarita. Ca. 1616
Dcha: Retrato de Alfonso y su hermana Ana Margarita, Infanta de España. ca. 1612.  
Bartolomé González. Colección Instituto Valencia de D. Juan. Madrid


Para concluir, quiero recomendaros la visita a esta hermosa exposición. Es una ocasión única para poder sumergirnos en una época, en la que la etiqueta y la moda española fue imitada por todas las cortes europeas. Marcando un hito en la Historia de la Moda que no siempre se ha sabido o se ha querido reconocer. 


lunes, 6 de abril de 2015

HISTORIA DE LOS JEANS (II)

En esta segunda parte, prosigo con la historia de los jeans, indefectiblemente ligada al denim, el humilde tejido de sarga color índigo que fuera importado desde Francia a los Estados Unidos.



                                                              ca. 1873



La versatilidad del denim hizo que este tejido experimentase un enorme auge, lo que le llevó a ser adoptado también por los cowboys, quienes comprendieron que aquel tejido poseía la resistencia y flexibilidad que ellos necesitaban, para enfrentarse a las largas jornadas de trabajo en el campo.


Su uso en el atuendo de los cowboy contribuyó a reforzar el mito popular de la identidad americana


Y de ahí, la cadena siguió su progreso en el siglo XX, cuando el ejército norteamericano empleó el denim en la confección de uniformes de trabajo para los operarios y personal de las fuerzas armadas.







Overall de trabajo, ca. 1900

Mujeres con monos de trabajo confeccionados con denim. Años 30

Mujeres estadounidenses trabajando durante la Segunda guerra Mundial


1944
Mujeres en un rodeo, 1949

En los años 50 del siglo XX,  los jeans se convirtieron en el objeto de culto de la juventud rebelde. Las ventas se dispararon a mediados de la década.


Años 50
Más que en Estados unidos -donde los jeans eran de sobra conocidos como unos pantalones baratos y de diario- estos pantalones azules sorprendieron sobre todo a la generación de padres de la Europa de posguerra. La idea de unos pantalones lavables, resistentes y baratos que podían comprarse en cualquier en cualquier tienda o supermercado resultaba totalmente nueva para los europeos. 






Iconos de los años 50, como James Dean y Marilyn también usaban jeans

Para los jóvenes del continente destruido por la guerra, los jeans, como todos los productos de uso cotidiano que llegaban de Estados Unidos, representaban la libertad, la aventura y la independencia. Desde el principio,  eran mucho más caros en Europa, debido a los derechos de importación, y hasta finales de los años 60 no comenzaron a fabricarse en Europa.

En los años 60 y 70 se asociaron ala juventud rebelde


En 1980, el diseñador Calvin Klein fue el primero en estampar su nombre en dicha prenda, lo que los convirtió en un símbolo de posición social. Esos antiguos pantalones de trabajo se revalorizaron tanto, que nació la necesidad del consumidor de adquirir los vaqueros firmados por un diseñador para no sentirse desplazado.



Publicidad de Calvin Klein en los años 80

También, a principios de los 80, se instauró en Europa la tendencia que situó a los Levi´s 501 como centro del culto de los jeans. Se llevaban con americanas y caros zapatos ingleses. Poco a poco se convirtieron en el atuendo informal de los jóvenes acomodados, pero para ello era “necesario” que fueran los 501 de Levi´s.



Los años 90 trajeron a los jeans la consagración definitiva, y hoy pueden verse en personas de todas las edades y casi en cualquier ocasión.


Actualización de overall al más puro estilo de los  antiguos mineros
Desfile Ralf Lauren O/I 2010-2011
El denim más actual con un toque chic


Sólo el mundo laboral les ha cerrado sus puertas, por lo que están reservados  al tiempo libre, y la única excepción está en aquellas profesiones en las que el traje no es indispensable, como por ejemplo el mundo de la moda y la publicidad.



lunes, 23 de marzo de 2015

HISTORIA DE LOS JEANS (I)

Gucci. Colección P/V 2015

Por fin ha llegado la primavera, y con ella salen a la calle las tendencias para esta nueva temporada. Entre los tejidos que dicta la moda, nos encontramos con una completa renovación del "denim", un clásico empleado para la fabricación de los jeans y todo tipo de prendas con las que se pretende transmitir un aire juvenil, desenfadado y con un toque chic.

 


Alberta Ferretti. Colección P/V 2015

La historia oficial de los pantalones que hoy conocemos como "jeans" o "vaqueros", comenzó hacia 1853. Durante la fiebre del oro en California, cuando entre otros miles de emigrantes, llega desde Nueva York un joven judío-alemán de 24 años llamado Oscar Levi Strauss. Allí se reunió con dos de sus hermanos que ya estaban establecidos como comerciantes textiles.


El joven y emprendedor Oscar, comenzó vendiendo gruesas lonas de color marrón, con las que los mineros elaboraban toldos para los carromatos y tiendas de campaña donde se guarecían de las inclemencias del tiempo. Sin embargo, las ventas no fueron muy fructíferas, hasta que un día uno de ellos le dijo que lo que más necesitaban eran pantalones con muchos bolsillos para las herramientas, y que fueran muy resistentes para trabajar entre las piedras y el agua.







Levi Strauss, viendo la oportunidad de negocio, le prometió al minero que se le conseguiría los pantalones esa misma tarde. Empleando como tejido una de las gruesas lonas que vendía para las carretas, buscó un sastre que se los cortó y cosió a máquina con grandes dificultades. La prenda resultante era tan tiesa que se sostenía de pie ella sola, pero prometía la solidez a toda prueba que necesitaban los mineros.




Fue tal el éxito, que de la noche a la mañana, Levi Strauss se quedó sin tela disponible para el sastre, que tuvo que contratar a algunos ayudantes. Así, de vendedor, pasó a empresario e instaló un taller, en el que los primeros pantalones fueron de lona marrón, ya que así era la tela de toldo. Además carecían de bolsillos traseros y se sujetaban con tirantes tradicionales.






Las siguientes remesas de tejido que recibió de sus familiares en Nueva York, contenían un tejido de ligamento sarga compacto y flexible a la vez, de color azul por estar teñido con índigo; el denim, tejido importado de Francia, concretamente de la ciudad de Nimes, donde se fabricaban tejidos de algodón resistentes y económicos.


Para evitar los tirantes, y disponer de más bolsillos en el que guardar las herramientas mientras trabajaban, Levi Strauss diseñó el overall, un mono de denim cortado de una pieza con entrepierna en forma de U y peto que incorporaba los tirantes del mismo tejido.

El tejido denim se obtiene mediante ligamento sarga, con hilos que presentan torsión en Z.
Tintados en color azul índigo en la urdimbre y de color crudo en la trama. 

En 1872, otro judío, llamado Jacob W. Davis, ideó los remaches de cobre para reforzar las costuras de los bolsillos, del mismo modo que se unían los arneses de los caballos. Al no disponer del dinero necesario para patentar su idea, se asoció a Levi Strauss, y juntos crearon el pantalón vaquero con remaches tal y como lo conocemos hoy en día. 

Los remaches también se aplicaron a los chalecos y chaquetas para reforzarlos

Fue tal el éxito de esta nueva prenda, que en la Navidad de 1873 se vendieron 1.800 docenas de cada modelo confeccionadas en la pequeña fábrica de Sacramento Street en San Francisco por un importe de 43.510 dólares de la época...




Publicidad de la Compañía Levi Strauss & Co. 19874


Empleados de la fábrica, situada en Sacramento Street. San Francisco, ca. 1890


El resto de esta interesante historia hasta nuestros días, os la contaré en el siguiente post.






Bibliografía

Baugh, Gail: Manual de tejidos para diseñadores de moda, Pad, Barcelona, 2011

Lehnert, Gertrud: Historia de la Moda del siglo XX. Könemann, Colonia, 2000

Sposito, Stefanella: Los tejidos y el diseño de moda. Promopress, Barcelona, 2014